Cada vez que necesito desconectar, me vienen a la mente las mismas imágenes: arena blanca, agua cristalina y el sonido suave de las olas rompiendo en la orilla. Si hay un sitio que reúne todo eso y más, es la Playa de Laxe. He tenido la suerte de visitarla varias veces, siempre acompañada por mi amiga Olivia, y puedo decir que es uno de esos destinos que sorprenden en cualquier estación.
A continuación, te comparto cinco razones por las que creo que la Playa de Laxe merece una visita sin importar el mes del calendario.
1. Un paisaje que cambia con las estaciones
No es lo mismo pasear por la Playa de Laxe en agosto que en noviembre, y eso es precisamente lo que la hace especial. En verano, el ambiente es más animado, perfecto para un chapuzón o una jornada entera bajo el sol. En cambio, en otoño o invierno, el paisaje se vuelve más introspectivo, ideal para caminatas largas, sacar fotos y conectar con el entorno.
Además, la luz en estas épocas cambia por completo la forma en que se ve el mar y la arena. Si te gusta la fotografía, cada estación te dará una paleta de colores diferente.
2. Actividades para todos los gustos
Olivia y yo siempre intentamos probar algo nuevo en cada viaje, y en Laxe nunca nos aburrimos. En primavera, hemos hecho rutas de senderismo bordeando la costa, mientras que en verano nos hemos animado con paddle surf. Hay también opciones más tranquilas, como visitar el Faro de Laxe o acercarse al mirador de Insua para disfrutar de una puesta de sol inolvidable.
Naturaleza y cultura en armonía
Una de las cosas que más me gusta es que Laxe no solo ofrece mar y arena. Puedes aprovechar para visitar la iglesia parroquial de Santa María da Atalaia, perderte por sus calles tranquilas o incluso acercarte a conocer alguno de los dólmenes de la zona. Es un equilibrio perfecto entre naturaleza y patrimonio.
Perfecto para viajes en pareja, familia o amigas
He ido con Olivia, pero también hemos coincidido con parejas que buscaban una escapada romántica y con familias que disfrutaban con los niños en la playa. Laxe tiene ese algo que se adapta a todos los planes. Puedes organizar un picnic frente al mar o darte un homenaje en alguno de sus restaurantes con pescado fresco.
3. Tranquilidad fuera de temporada
Viajar fuera de temporada tiene sus ventajas, y en Laxe se notan especialmente. Si prefieres evitar aglomeraciones, los meses de otoño e invierno son ideales. La playa se transforma en un espacio casi privado, donde puedes leer, pensar o simplemente mirar el mar.
Además, los negocios locales siguen abiertos, y el trato es aún más cercano y relajado. Nosotras solemos ir en octubre o en marzo, y siempre encontramos rincones nuevos que descubrir.
4. Gastronomía gallega todo el año
No se puede hablar de Galicia sin hablar de su comida. Y Laxe no es la excepción. En cualquier época, puedes encontrar mariscos frescos, empanadas caseras, caldos reconfortantes y una tarta de Santiago que te hará querer repetir. Olivia y yo tenemos una taberna favorita frente al puerto donde nos tratan como en casa.
Productos de kilómetro cero
La mayoría de los restaurantes apuestan por productos locales. Comer en Laxe no es solo alimentarse, es una experiencia cultural. Los sabores del mar se mezclan con las recetas tradicionales, y cada comida se convierte en un momento para recordar.
5. Mejor alojamiento en Playa de Laxe
Uno de los grandes aciertos de nuestros viajes ha sido elegir bien dónde dormir. Y si estás pensando en escaparte a esta zona, te recomiendo echar un vistazo a este hotel en Laxe a pie de playa. Olivia y yo lo descubrimos hace un par de años y, desde entonces, repetimos siempre.
Está perfectamente ubicado, justo frente al mar, con habitaciones luminosas, trato familiar y todas las comodidades para desconectar y descansar. Si lo que buscas es un sitio tranquilo, limpio y con vistas al Atlántico, este alojamiento no falla.
¿Por qué volveremos?
Porque la Playa de Laxe no es solo un destino de verano. Es un lugar que se adapta a tu estado de ánimo y a la estación del año. A veces queremos descansar, otras veces queremos explorar, y aquí podemos hacer ambas cosas. Siempre hay una excusa para volver, y nosotras, sinceramente, ya estamos planeando la siguiente escapada.






